viernes, 19 de septiembre de 2014

Juventino Rosas contra la Virgen de Guadalupe

Aunque parece ser el título de una película setentera del Santo, no lo es.
Juventino Rosas es un municipio guanajuatense cerquita de Celaya, un pueblito junto a un pueblo, diría algún amigo chilango. También es pasada obligada para ir de Celaya a Guanajuato capital por la carretera libre. Es uno de esos sitios pequeños que muchos de nosotros conocemos sólo por sus topes en la carretera.
Pues bien, Juventino Rosas también fue un músico mexicano de origen otomí que nació en ese pueblito y murió de 26 años en un viaje a Cuba, se hizo famoso -pero nunca rico- por su vals "sobre las olas" y hasta Pedro Infante lo interpretó en una de sus películas.
Durante varios años he pasado por los topes de Juventino, el pueblo, rumbo a Guanajuato y visto la estatua de Juventino, el músico, que estaba justo en la glorieta a la mera entrada de la cabecera municipal... siempre pensé que la estatua era pequeña, que la deberían poner en un pedestal más alto, que se vería más bonita con flores alrededor... hasta ayer.
Ayer al ir manejando por el mismo camino -más polveado por cierto ya que lo están arreglando- rumbo a los mismos topes, no me recibió el otomí ni su violín, sino la compasiva mirada de la Virgencita de Guadalupe; en el mismo sitio ahora está una escultura de la Guadalupana. La verdad es que les quedó bonita, se ve colorida y amorosa, estoy seguro que muchos pasaran por ahí y se sentirán reconfortados... yo no. No me dio gusto ver un símbolo del amor perfecto en el lugar que ocupaba el violinista, no entiendo el afán de extender a toda la ciudad el atrio del templo; no se porqué se les olvida a nuestros muy mochos gobernantes guanajuatenses que los protestantes, los musulmanes, los ateos, los judíos, los budistas y los adoradores de Baco, Hermes, Ra, la ciencia o Tezcatlipoca también son guanajuatenses, también pagan sus impuestos (algunos) y pueden entender la hermosa mirada de la virgen como una falta de respeto de nuestras muy laicas autoridades.
Podría exigir que pongan una estatua de Moisés, otra de Mahoma y una más de Buda en las otras entradas al pueblo, pero creo que ni los shintoistas, ni los hare-krishnas, ni los jainistas y menos los juaristas quedarían contentos. Tal vez lo más fácil sería poner a Don Juventino de vuelta en su lugar y que nos reciba -o nos de el paso- con un bellísimo vals.
Yo por lo pronto me pondré a escuchar "sobre las olas"... aunque no niego que me gusta el estribillo de "desde el cielo una hermosa mañana, desde el cielo una hermosa mañana"

Ahhh y por cierto todo lo anterior también aplica a la muy republicana ciudad de Celaya, Guanajuato y la Virgen de la Purísima Concepción que nos da la bienvenida cuando llegamos por la libre desde Querétaro.

Sergio Hernández Ledward
www.facebook.com/SergioHLedward