viernes, 5 de septiembre de 2014

Entre el odio y el amor (o aventuras con Jumapa)

Vengo saliendo de la Junta Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Celayork de las Cajetas; mas conocida por mis paisanos como Jumapa. Y no se me ocurre una mejor manera de definir nuestra relación que "entre el odio y el amor".
Debo confesar que por muchos años he sido anti-jumapista de hueso colorado; cada que veo una calle cerrada, un bache o una fuga, algo oscuro dentro de mi dice "seguro fueron los de Jumapa", pago mi consumo anual del agua por adelantado no tanto por aprovechar el descuento de enero, sino para sólo verlos una vez al año. Son para mi un mal necesario... y hay mucho de irracional en esto.
Sé que hay gente entregada, chambeadora, honesta y cálida que trabaja para la Junta, uno de mis mejores amigos ahí trabaja y la verdad es un tipazo, trabajador y responsable como seguramente hay muchos más. También sé que debería agradecer el suministro que me brindan, nunca me he quedado sin agua y me baño casi a diario gracias a la chamba de muchos. Peeero hay algo oscuro dentro de mi, me fijo en lo malo,  me brincan las fallas, me desesperan los trámites y pa' acabarla lo quiero rapidito y de buen modo.

Bueno, pues hoy fui a Jumapa y me atendió Lupita. Casi resolvió lo que yo necesitaba, me atendió pronto, hizo su trabajo y yo me acordé de porqué no me gusta visitarlos. Hace un par de días José Luis Horta -un buen amigo de Irapuato- me decía que las máquinas no pueden dar servicio, que servir es una cualidad humana, que por eso la palabra empieza con SER y termina igual que VIVIR y que el servicio sólo se da cuando dos seres humanos se relacionan y se ayudan.
Ni modo, Lupita entonces no me dio un buen servicio; nunca me miró a los ojos (ni por un segundito) para ver quien era él que venía a ver en qué había quedado su alto consumo, no me regaló ni media sonrisa, no me explicó porqué quedó así la cuenta, me dio un par de órdenes y sin levantar la vista me deseó un buen día. Que lástima, estoy seguro que es una buena persona, que quiere hacer bien su trabajo, pero no logramos tener una relación -aunque fuera cortita- como debería ser una relación entre seres humanos.

Pero esta historia no es sólo odio, también es amor. Antier fue don José a revisar el predio, mis respetos para el señor. Me explicó a detalle lo que tenía que hacer, se subió conmigo a la azotea, me contó de la diferencia de los flotadores de poliuretano y los de plástico, me enseñó que una fuga se detecta por los restos de sarro y ante mi mirada de sorpresa me dijo cual es la mejor marca para las válvulas de una cisterna. ¡Para acabarla hasta se despidió de mano! Se veía que su trabajo le gusta y que no teme mirar a los ojos y extender la mano. Ojalá muchos aprendamos de él.

Así que entre el amor y el odio. Que se multipliquen los Josés, que les aprendamos mucho. Que las Lupitas crezcan, aprendan, resuelvan sus broncas y puedan mirar a los ojos y sonreír.
Luego les cuento como me va en mi próxima visita que no será hasta enero sino en dos semanas.

Sergio Hernández Ledward
www.facebook.com/SergioHLedward