martes, 9 de septiembre de 2014

Debates tecnológicos

Este fin de semana tuve la fortuna de dar clase una vez más en el Centro Mexicano de PNL en Ciudad de México (que está estrenando instalaciones en la Nápoles). Como siempre disfruté enormemente al grupo y recibí la generosidad de Esthela y Luis Arturo que me regalan hospedaje, amistad y buena charla.

Durante uno de los descansos la plática se fue hacia el internet y sus riesgos; y el tema se quedó dando vueltas en mi cabeza. Algunos defendían la idea de que la tecnología más que unirnos nos está separando -de los demás, del mundo real y hasta de nosotros mismos. Ejemplos hay y de los buenos: desde la reunión familiar donde los ojos, las manos y la atención están en el teclado y la pantalla más que en los amigos y hermanos, la fantasía de tener miles de amigos en Facebook que ni conozco, pasando por el letrero en un café de Coyoacán: "Aquí no hay wi-fi, por favor platiquen entre ustedes", o esa vez que estábamos en un rincón de la selva lacandona y escuchamos el grito de emoción de una amiga adolescente al descubrir  que ahí SI había señal, incluso uno de los compañeros planteó que muchas veces usamos la red y la tecnología para evadir nuestro dolor y aletargarnos (hacernos weyes, pues); todo eso sin mencionar el acceso a la violencia, la intrascendencia, la pornografía infantil, el riesgo de trata y el cyber-bullying a un click de distancia. Ni como negarlo de que hay riesgo, hay riesgo. Ni como no ponerme el saco: la adicción wi-fi ha hecho que platique menos en vivo, que me tarde más en terminar mi tesis y hasta que lea menos. 

Por otro lado: ¡Bendita conexión! 
Sólo en las últimas semanas y gracias a esta maravilla tecnológica, me enteré del proyecto Ha Ta Tukari que está llevando agua potable a comunidades huicholas, me estrené de blogger, vi -y compartí- un chingonsísimo video de la bamba que enciende esperanzas, conocí y charlé con Ernesto Anaya (exfolkclorista y músico de los buenos), me whatssopié con mi esposa y me mandó las últimas fotos de mi bellísima hijita, ¡compré boletos para el concierto de Café Tacvba!, platiqué con mi hermana chilanga, postié en Facebook mis razones para estar agradecido y todo eso sin hablar de chamba: revisé algunas ideas con el diseñador editorial de mi siguiente libro en California,  mandé y recibí propuestas, compartí un par de presentaciones en prezi... 
Reflexionar en esto me hace preguntarme ¿cómo le hacían nuestros ancestros para sobrevivir y conectarse unos con otros? ¿cómo pude sobrevivir a una adolescencia sin 4G ni pantallas touch?
Fuera de broma: el internet nos conecta, ni como negarlo. 

Pues el debate da para mucho y mucho más profundo de lo que yo comparto. Me parece que las tecnologías actuales son como el océano: pueden poner inmensa distancia entre nosotros, nos pueden separar del mundo que queremos y hasta de nosotros mismos, "zombificándonos" y alejándonos de lo verdaderamente valioso; por otro lado también son como el océano: unen una tierra con otra, nos conectan, nos acercan, nos brindan posibilidades inexistentes de otro modo, hacen que nuestra voz suene lejos, que nuestra mente se abra, que corazones físicamente distantes puedan estar cerquita, cerquita, puede ayudar a humanizarnos. 
Tengo claro que debo tener cuidado, que la adicción está gruesa... y también tengo claro que le apuesto más al mar que une que al océano que separa.

Sergio Hernández Ledward
www.facebook.com/SergioHLedward


x