viernes, 3 de abril de 2015

¿Y si nos lo tomamos personal?



Hace algunas semanas tuve la bendición de participar con un grupo de líderes en un retiro en la sierra de Guanajuato. La idea era contactar con la naturaleza de una manera profunda y reflexionar sobre el llamado que nos hace la vida; contactar con la naturaleza y permitir que el alma y el corazón nos hablaran. Fue una experiencia muy útil y muy hermosa.
¿Y esto que tiene que ver con tomarnos las cosas de un modo personal? Pues que cada encuentro con la vida, con otro ser humano, con la naturaleza SI es personal. O por lo menos eso fue lo que yo experimenté durante esos días.
A veces aplicamos la frase “se lo toma personal” a quien se siente víctima, se da demasiada importancia o hace tormentas en un vaso de agua. ¡Mala idea si queremos ser útiles y felices! Sin embargo podemos observarlo desde otra óptica: tomarnos las cosas de modo personal es también lo contrario a la indiferencia; tomarnos las cosas de modo personal es hacernos presentes para recibir los regalos y hacer frente a los retos de la vida.

Creo que deberíamos tomarnos de modo muy personal los encuentros con los demás; sacudirnos la indiferencia y observar al ser humano que hay en el compañero de trabajo, en el cliente, el vecino o el migrante hondureño pidiendo dinero en el semáforo. Pienso que debería ser algo muy personal –sin dramas ni victimismos- contactar con las dolorosas problemáticas que nos tocaron como sociedad y ayudar a resolverlas, nos debería doler “personalmente” el dolor ajeno. Siento que también debería ser algo muy personal observar y recibir la belleza y la alegría a nuestro alrededor; observar la puesta de sol y el cielo que se pinta de colores, escuchar la risa de un niño, morder una manzana (o una gordita de migajas) y entregarnos al trabajo, al ejercicio, al estudio haciéndolo totalmente personal.
El encuentro con la vida SI es personal. Estaba en la sierra de Guanajuato mirando su belleza semi-árida: rocas rojizas, huizaches, un bellísimo cielo azul y dándome cuenta que era un regalo para mí, un regalo para tomar y soltar, un regalo (de Dios, el universo o el karma) que tenía un destinatario específico y personal: yo y que sería triste no recibirlo por completo. Me parece que lo mismo nos pasa a todos en cada encuentro.

¿Y si  nos lo tomamos personal?
 
Sergio Hernández Ledward



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