sábado, 7 de marzo de 2015

El miedo, viejo amigo

“El hombre valiente no es aquel que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo” – Nelson Mandela

¿Te has puesto a pensar en el milagro que significa ser un ser humano?
Sesenta millones de células perfectamente coordinadas. Cinco sentidos para descubrir el universo. Cada órgano una obra de arte. Un cerebro que sigue asombrando a quien lo estudia. Creatividad y curiosidad infinitas. Riqueza emocional. Posibilidad de hacer poesía, ciencia, filosofía, llorar de amor y de gozo. Sentido del humor, generosidad, heroísmo. Recursos internos ilimitados.

¿Y entonces? ¿Por qué tantas broncas? ¿Por qué si tenemos tal potencial nos rodea la violencia, la pobreza, el rencor, la insatisfacción? ¿Por qué dudamos de nosotros mismos, sepultamos nuestros sueños o nos conformamos con la mediocridad?
Tal vez la respuesta este en uno de los rasgos que nos hacen tan exitosos como especie, nuestro viejo amigo: el miedo.
El miedo es un mecanismo muy efectivo de supervivencia. Gracias a él durante incontables generaciones los seres humanos corrieron rápido, recordaron qué plantas y qué bichos eran venenosos, se escondieron de las amenazas y lograron transmitir sus genes, asegurándose que nosotros andemos por aquí. En cierto sentido somos hijos tanto del amor como del miedo.
De modo que tenemos muy instaladas en nuestra arquitectura humana las tres respuestas que brinda el miedo ante las amenazas. Nuestro cuerpo grita: ¡Lucha! ¡Corre! ¡Congélate! Cada vez que nos sentimos amenazados, cada vez que el miedo toma el control. Desafortunadamente estas respuestas se han vuelto cada vez menos apropiadas, los retos que enfrentamos en estos tiempos digitales rara vez se resuelven con esas estrategias ancestrales. Luchar, correr o congelarnos difícilmente nos harán mejorar nuestra relación de pareja, ayudar a nuestros hijos adolescentes, o resolver las dificultades laborales, sociales y ecológicas que nos tocaron.
Si lo analizas con cuidado encontrarás que detrás de cada problema individual o colectivo se esconde este viejo amigo. La buena noticia es que tenemos opciones, que no estamos condenados a la mera supervivencia, que tal como lo dice Mandela podemos ser valientes.

El mismo Nelson Mandela -después de 27 años en la cárcel- usó las palabras de Marianne Williamson al pronunciar en un discurso: “Nuestro mayor temor no consiste en no ser adecuados, nuestro mayor temor consiste en que somos poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que nos atemoriza. Nos preguntamos ¿quién soy yo para ser brillante, espléndido, talentoso, fabuloso? Pero en realidad ¿quién eres tú para no serlo?”
El camino para descubrir nuestro potencial pasa por enfrentar al miedo. El camino para generar una mejor sociedad también pasa por ahí. 
Tal vez lo logremos, tal vez podamos cambiar el miedo por amor y volver a brillar como brillan los niños.

Sergio Hernández Ledward

y en twitter: @checoequis