viernes, 3 de octubre de 2014

Rescatando al estudiante interior

Hace algunos años escuché la idea de entrar en contacto con el niño interior, de volver a jugar y reír y vivir en el presente como lo hacíamos de niños. La idea me pareció maravillosa: ¡el chamaco no se ha muerto! incluso me dijeron que había que sanarlo, alimentarlo, apapacharlo, perdonarlo y pedirle perdón... Después del impacto inicial me quedé pensando si habría un adolescente, un adulto joven, un adulto maduro y hasta un viejito interior; y si al igual que el niño tendrían regalos importantes que brindarnos.

En estos días en los que el 2 de octubre no se olvida, en los que la banda del Poli nos muestra que es posible dejar de resignarse, y en los que tuve la fortuna de charlar con un montón de chavos de la Universidad de Colima, quiero pensar que en el interior de las personas -en el mío y en el tuyo- también hay un estudiante universitario interior. Me gustaría rescatar los regalos que puede darme. 
Quisiera pensar que dentro nuestro aún hay rebeldía, que hay inteligencia, que hay brío. Si conectamos con el estudiante interior podríamos recuperar curiosidad y hacer muchas preguntas sin conformarnos con respuestas a medias, podríamos recuperar sueños y utopías, nos sabríamos poderosos, tendríamos la fuerza del desmadre, de la amistad sin interés, de saber que tenemos manos para tenderlas, que tenemos pies para andar el mundo, que tenemos corazón para amar. Seguramente también recuperaríamos un poco de confusión pero no nos habríamos acostumbrado a ella, buscaríamos y discutiríamos, nos cansaríamos menos, tendríamos esperanza, seríamos más valientes y le faltaríamos más al respeto a las falsas jerarquías, a la estupidez y la indiferencia.
Tal vez en una de esas hasta resultaría contagioso, se escucharían muchos ¡Huelum! y muchos ¡Goya!... quien sabe tal vez hasta cambiaríamos el mundo.

No estoy seguro, pero tal vez se puede. A la mejor en mi interior hay un niño sonriente, un adolescente que busca ser libre, un adulto joven que sigue soñando, un adulto maduro que es útil y sereno, un viejito que se volvió sabio... y un universitario que construye mundos diferentes.

Sergio Hernández Ledward
www.facebook.com/SergioHLedward