miércoles, 20 de febrero de 2019

¿Salimos a jugar?



La semana pasada tuve la suerte de guiar una sesión de “trabajo” con el equipo gerencial de una importante empresa fabricante de motores. Eran 13 adultos profesionales y profesionistas con el reto de mejorar la cultura de su organización. La metodología que elegimos para la sesión se llama LEGO Serious Play (el juego serio de LEGO) y se utilizan un montón de los famosos ladrillitos para construir en sus más variadas presentaciones y también los monitos de cara amarilla y manos sin dedos.

El grupo se metió por completo en el juego, construyó representaciones de “el primer amor”, “el líder del terror” y de las acciones que guiarán a su organización para aumentar el compañerismo, el reconocimiento y la confianza. Al cierre el líder de ese equipo estaba muy asombrado y me dijo “es el plan más robusto que hemos generado” y alguien más añadió “y sin censuras, ni conflictos”. Yo terminé agotado pues jugar también cansa, pero también muy contento de lo que somos capaces de lograr cuando invocamos al espíritu del juego.
Así que estos días he estado pensando en los beneficios de jugar, sobre todo de jugar en serio tal como juegan los niños.

· El juego desarrolla la creatividad. La mente se suelta de sus ataduras, de sus patrones habituales y genera muchos escenarios, algunos posibles y otros descabellados. Nuevas conexiones neuronales florecen (junto con soluciones que no habíamos pensado).
· El juego brinda alegría. El juego debe ser divertido, cuando jugamos el tiempo vuela y la sonrisa surge fácil, nos sentimos llenos de vida inmersos en una actividad que disfrutamos.
· El juego aumenta la empatía. En el juego podemos transformarnos en otro, en muchos otros, en cualquier otro. Podemos ser el hombre araña, un guerrero ninja, una princesa mágica o el supervisor de calidad del turno de la tarde… y cuando nos convertimos en otro, vemos y sentimos lo que no podíamos hacer en nuestros propios zapatos, entendemos más.
·  El juego reduce el estrés. Mientras jugamos el pasado y el futuro se diluyen y sólo queda el momento presente, en el que no vive la ansiedad. Los niños sanos juegan y juegan… y el estrés sólo llega junto con el grito “¡Es hora de hacer tu tarea! ¡Recoge tus juguetes!”
· El juego alarga la vida. Existen múltiples estudios en los que se asocia el estrés con el envejecimiento y con multitud de enfermedades, así que el juego al reducir el estrés y aumentar el disfrute trae consigo el regalo de una vida más sana, además si el juego involucra al cuerpo los beneficios son aún más grandes.
· El juego reduce el conflicto. Cuando jugamos y sabemos que estamos jugando somos más ligeros, nos tomamos menos en serio y le bajamos un par de rayitas a nuestro autoimportancia. Socializamos desde la diversión, construimos con lo que el otro nos brinda y encontramos soluciones juntos.
· El juego facilita el aprendizaje. El cerebro se mantiene joven mientras juega, en ninguna etapa de nuestra vida aprendemos tanto como cuando niños, cuando el juego canaliza nuestra bendita curiosidad, cuando los esquemas educativos aún no lograban “estandarizarnos”.

Desafortunadamente crecemos y nos vamos olvidando de jugar. Un estudio hecho en 2018 por la empresa juguetera española Famosa encontró que el 60% de los papás no juega con sus hijos ni 2 horas a la semana. Si no jugamos con aquellos que están más cerca de nuestro corazón, es difícil que ese espíritu lúdico nos acompañe a otras actividades.
Creo que es momento de recordar y revivir aquellos días en los que alegremente tocábamos a la puerta de un amigo y le preguntábamos ¿salimos a jugar?

¿Qué tal si hoy salimos a jugar? Y me refiero al juego formal, a jugar futbol, videojuegos, a las escondidas, a policías y ladrones… pero también te invito a que le llevemos esta energía sonriente, creativa y llena de vida al trabajo, a las relaciones, a la reunión de producción, a la junta de ventas, al salón de clases… a nuestros proyectos importantes.

¿Qué dices? ¿Salimos a jugar?

Sergio Hernández Ledward
www.facebook.com/SergioHLedward




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