lunes, 16 de mayo de 2016

De aprendices y maestros

Acaba de pasar el día del maestro, mítico ser: odiado, temido, admirado, mal-pagado, dizque-evaluado, marchista, sembrador de esperanzas, marchitador de sueños, parista y casi cualquier cosa que termine con ado, ido, to, so o cho.

Aunque no soy docente de profesión, me dedico a eso de estar frente a grupos y apostarle a que algo podemos aprendernos juntos. Así que la reflexión sobre qué significa ser maestro (o que quiero que signifique para mí) es casi, casi obligada.

De entrada quiero dejar bien clarito (para mi mismo, sobretodo) que no creo en el hombre -ni en la mujer- que se crea a sí mismo; aunque alguna influencia debemos tener en esa misteriosa labor. No podría ser quien soy, saber lo que sé, ni hacer lo que hago sin mis maestros. No creería en lo que creo. Mis grandezas serían muchas menos y mis estupideces muchas más.
A dónde volteo miro a mis maestros. Maestros-padres,  maestros-hermanos, maestros-amigos, maestros-libros, maestra-hija, maestra-esposa... ¡Hasta maestros de profesión! Imposible pensar que sólo soy fruto de mi esfuerzo. Estoy en deuda con el mundo, con los maestros buenos y los regulares, con los maestros que recuerdo con frecuencia y con los que ya se me olvidaron, con los que se sentían muy chichos y con los que no se daban cuenta que lo eran. Sólo se me ocurren dos maneras de ir pagando -extrañas formas de hacerlo: la primera es hacer crecer la deuda, la segunda poner en deuda a otros.

Me explico. Para pagar la deuda hay que hacerla crecer. No veo mejor manera de honrar a mis maestros que seguir aprendiendo. Así que hoy quiero reafirmar mi compromiso como aprendiz. ¡Que la deuda aumente! Soy novato, pie-tierno, cinta azul, principiante. Quiero seguirlo siendo mientras haya camino. Como buen principiante aspiro a equivocarme mucho, a hacer muchas preguntas (muchas muy estúpidas y algunas buenas también), a conseguir ser esponja.
Para pagar la deuda hay que poner en deuda a otros. Que no se me olvide que soy maestro, que lo que se comparte crece, que lo que se brinda se multiplica. Ojalá mi mirada se profundice, mi corazón se amplíe y mi mente se afile como espada, que pueda poner esa mirada, ese corazón y esa mente al servicio de otros. Que mi generosidad crezca. 

Me parece que no hay de otra, se trata de quitar las etiquetas. Alumno y Maestro en el fondo son lo mismo... o por lo menos eso quiero creer.

¡Feliz día a todos! ¡Gracias maestros! (estamos en deuda)

Sergio