jueves, 26 de enero de 2017

Tiempos interesantes


¡Que vivas tiempos interesantes!
  – Antigua maldición china

Hace días reflexionábamos sobre el tiempo que nos tocó vivir y el enorme reto que nos plantea. Tiempo de trancazos, de muros, de incertidumbre; sin duda tiempos interesantes, tiempos para forjarnos entre el calor y los golpes. Este reto nos exige que nos llenemos de fuerza sin violencia, de amor sin victimismo, de ligereza sin superficialidad. Fuerza, Amor y Ligereza son las cualidades que podemos poner en esta forja.

Este es el mejor momento para ser guerreros no violentos. Si ves a un niño pequeñito te darás cuenta que está lleno de fortaleza: grita a todo pulmón, sabe lo que quiere sin ninguna duda, si con su manita toma tu dedo, te sorprende su fuerza. La fortaleza no es algo que encontramos afuera, sino que vive dentro de cada uno de nosotros, es una energía al alcance de todos esperando que la desarrollemos y aprendamos a utilizarla. Algunas ideas para cultivarla:
  • Párate firme. Arraiga bien los pies en la tierra, mira hacia el frente, toma una respiración y nota tu solidez, mira los retos cara a cara.
  • Aprende a decir que no. Cuida tu tiempo y tu energía, dedícasela a lo que es valioso, di “no” sin ninguna culpa.
  • Cumple todas tus promesas. ¡Sobre todo las que te haces a ti mismo! Si tienes dudas sobre tu capacidad para cumplirlas, mejor ni la hagas.

Este también es el mejor momento para ejercitarnos en el amor, otra fuerza universal a nuestro alcance desde siempre; la ternura, la suavidad, ¡la sonrisa! son patrimonio de todos. No necesitas escoger: puedes ser fuerte y amoroso (de hecho el reto así lo exige). Te comparto 3 maneras de ejercitarnos en el amor:
  • Lleva tu mano derecha a la zona de tu corazón. Toma una respiración profunda y dale un suave masajito mientras te dices: “gracias” “te quiero” “te perdono”
  • Escucha un poco más y habla un poco menos. Busca entender honestamente, construye puentes en lugar de muros.
  • Dile a la gente que está cerca de tu corazón porqué son importantes para ti. No les exijas, ofréceles.

Y sin duda este es el mejor momento para volvernos más ligeros, para recuperar el juego y la risa. Nadie tiene que enseñártelo, simplemente recuerda. ¿Sugerencias? Ahí te van:
  • Ríete de ti mismo. Hazlo con cariño pero ríete.
  • Juega sin competir. Arma un rompecabezas, lee un cuento infantil, echa a volar tu imaginación.
  • Date chance de equivocarte. Ni te apures, con permiso o sin él de vez en cuando regarás el tepache, así que disfrútalo (y aprende).

¡Fuerza, Amor, Ligereza!

Sergio Hernández Ledward

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martes, 10 de enero de 2017

2017: ¡Una buena forja!


Defender la alegría como una bandera. Defenderla del rayo y la melancolía…
 – Mario Benedetti

Empezó el 2017 y parece que viene rudo. Se nos plantó enfrente con el pecho hinchado, la mandíbula tensa y mirándonos fijamente a los ojos con voz retadora nos dijo: Vamos viendo de qué lado masca la iguana; ahí te dejo gasolinazos, saqueos, violencia… y espérate tantito que aquí te tengo el cobro del agua y el predial, la presidencia de Trump (y para algunos hasta las tristes noticias que nos tiene la báscula después del maratón Guadalupe-Reyes).

2017 pinta para ser una buena forja; el calor y los golpes son los que le brindan su resistencia al acero, las tormentas obligan al marinero a ponerse trucha (en más de un sentido), las dificultades y los retos nos templan. ¿Qué tal que aprovechamos la forja para templarnos? ¿Qué tal que le devolvemos la mirada a este año nuevecito diciendo –con una sonrisa- ‘pues vamos viendo de qué cuero salen más correas’?

Creo que el reto de nuestros tiempos nos exige que aprendamos a ser fuertes sin ser violentos, a ser amorosos sin ser víctimas, a ser ligeros sin volvernos superficiales. Fuerza, Amor y Ligereza pueden ser las cualidades que pongamos en la forja.

Este es un gran momento para ser fuertes, para armarnos de valentía, para hacer que nuestra voz se levante y se escuche. Es un gran momento para aprender a decir no, para indignarnos con la injusticia, para pararnos firmes y mirar los retos cara a cara. Son tiempos para desarrollar disciplina en lo personal y también para cuestionar, para enfocarnos y atrevernos a impulsar cambios valiosos. Es momento de cultivar la fuerza del guerrero.

Pero la fuerza sin amor fácilmente se convierte en violencia, en soberbia, en agandalle. Así que el reto es volvernos más fuertes Y más amorosos. Son tiempos para tender la mano y ensanchar el corazón, para ocuparnos de los demás y ser más solidarios, más compasivos, este es un gran momento para suavizar la voz y la mirada, para ejercitarnos en el amor.

Sin embargo no es suficiente; el amor malentendido fácilmente se convierte en apego, en victimismo, en telenovela pues. Aquí es donde la ligereza hace su parte. ¡Bajémosle al drama! Como dicen que dijo Mark Twain “no te tomes la vida tan en serio, de todos modos no saldrás vivo de ella”. Aunque no lo parezca estos también son tiempos para el juego, la creatividad, la risa.

No tengo dudas, el 2017 es el mejor de los tiempos. Tiempo de ser fuertes como guerreros, tiernos como amantes, ligeros como niños. Es tiempo de aprovechar la forja y –sin importar los pronósticos- hacer de este año el mejor de todos.



Sergio Hernández Ledward
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viernes, 23 de diciembre de 2016

¿Feliz Navidad o “jingle bells” a claxonazos?


Que todos los seres estén bien, felices y en paz.
 – Bendición budista

Ser budista y escribir sobre la navidad es un bonito reto. En realidad es un buen reto para cualquiera, ya que es fácil olvidarnos de que tratan estas fechas.

No sé para ti, pero para mí puede ser muy sencillo confundirme. Ver arbolitos con esferas desde septiembre y pagar a 18 meses sin intereses ¡empezando en febrero! No me ayuda a llegar al corazón del asunto. Escuchar canciones que hablan de “noche de paz” en el radio del auto mientras el tráfico de las vacaciones aumenta y el conductor de atrás entona un furioso “jingle bells” con el claxon, ayuda menos.

Así que hay que darle una re-pensada para que el tráfico y el consumismo no nos confundan. ¿Qué estamos celebrando? ¿Por qué tenemos vacaciones escolares, días libres del trabajo, posadas, preposadas y hasta maratones Guadalupe-Reyes?
Sin ser experto en el tema puedo afirmar que se trata de una fiesta de cumpleaños. 2016 años del nacimiento de Jesús: para muchos el hijo de Dios, para otros un enorme maestro con un enorme mensaje: “no se confundan, el amor es lo más importante”. Creo que de eso se trata, de un recordatorio –urgente- sobre el amor. Estoy seguro que ese sería el consejo que nos daría Jesús si nos lo encontramos en el café, en el mercado o en el templo.
–Jesús ¡qué bueno que te veo! fíjate que ganó Trump, ahí vienen los gasolinazos, la delincuencia no para y me peleé con mi cuñado ¿qué hago?- Podría apostarles que su respuesta sería sencilla: ama.
-Chuy, tengo un montón de deudas y no aguanto a mi jefe ¿qué me recomiendas? – les apuesto que sin pensarlo mucho nos diría: ama
¿Qué las cosas están difíciles y el futuro se ve incierto? Cierto. Creo que su consejo sería: ama. ¡Y creo que sería  una gran idea hacerle caso!

Tal vez podamos empezar amándonos a nosotros mismos. Cuidándonos, tratándonos con cariño, creciendo mientras perdonamos nuestros propios errores, apapachándonos, relajándonos un poco, confiando en nuestras habilidades y sabiendo que nunca seremos perfectos.
Podríamos seguir amando a nuestro trabajo, nuestro estudio. Entregándonos con cariño, sabiendo que lo que hacemos es valioso, encontrándole sentido, usándolo como un espacio para ejercitar la creatividad, la voluntad, el espíritu de servicio. Sonriéndole a los retos.
Ya encarrerados hasta amar a los compañeros de trabajo, a los proveedores, a los clientes, es más: hasta a los jefes. No es necesario ponernos románticos, podemos expresar amor diciendo buenos días, reconociendo el trabajo bien hecho, alegrándonos por el éxito de alguien más, bajándole dos rayitas al ego y dejando de tomarnos las cosas tan a pecho, pidiendo disculpas cuando nos equivoquemos. También charlando y sabiendo que podemos ponernos de acuerdo, respetarnos y seguir siendo diferentes.

Aquellos que nos tomemos en serio el consejo, podríamos seguir amando a nuestra ciudad, a nuestro campo, a nuestra tierra, a nuestro mundo.
Estoy seguro que lo mejor está por venir -a pesar de cualquier pronóstico- si dejamos que el verdadero espíritu navideño guíe nuestras acciones y nuestras decisiones.

¡Que tengas una bellísima navidad! ¡Que estés bien, feliz y en paz! ¡Que el 2017 aprovechemos las oportunidades de amar verdaderamente!

Sergio Hernández Ledward
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viernes, 9 de diciembre de 2016

¡Tengo que mandar el artículo!



Utiliza siempre el nombre correcto de las cosas.
 – Albus Dumbledore

¡No friegues! Ya es viernes y no he mandado el artículo, ¡Tengo que mandarlo pero ya! – eso me estaba diciendo una vocecita interior hace unos pocos minutos, mientras yo  me resistía a ponerme teclas a la obra. Mi resistencia tenía buenas razones y ni una sola idea sobre que escribiría.
Peeero: ¡TIENES que escribir a la de YA! – insistió la vocecita. Ok, ok – respondí no muy convencido.

Las palabras encierran poder y magia, son fuente de alegría y de dolor; con ellas aprendemos, negociamos, vendemos, aconsejamos, nos equivocamos, nos enamoramos, nos convencemos de nuestro potencial y nuestra debilidad. Con ellas contamos la historia de nuestra vida, nos motivamos hacia adelante y también nos mantenemos presos.

Una de las formas más comunes que tenemos de perder libertad es usando una simple palabra de cinco letras: “tengo”. Se ve y suena bastante inocente, pero cuidado, su poder es enorme.

Hagamos la prueba, repítete despacito: “tengo que lavar los trastes”… a no ser que seas una de esas pocas personas a quienes les apasiona esa actividad, lo más probable es que junto con la frase haya llegado una sensación de estar obligado, de no tener opciones, de que te están haciendo manita de puerco, de falta de libertad. Ahora añádele “tengo que pagar la mensualidad de la casa”, “tengo que hacer de comer”, “tengo que ponerme a estudiar”, “tengo que recoger a los niños”, “tengo que comprar los regalos del intercambio”, tengo que, tengo que, tengo que. Cada frase es un sutil grillete, un invisible barrote lingüístico. Las personas que se repiten con frecuencia “tengo que” no sólo andan a las carreras, sino que también pierden libertad.

La buena noticia es que cada una de esas frases también es una mentira. No tienes que nada (o que casi nada). Piénsalo, podrías no lavar los trastes, no hacer de comer, ni ponerte a estudiar; no estás obligado, eres libre para elegirlo (tomando en cuenta sus consecuencias, por supuesto).

Durante estos días te invito a hacer el experimento. Observa cómo te comunicas contigo mismo y cada vez que te caches diciendo “tengo que”, cámbialo. Algunas buenas opciones son: quiero, decido, voy, puedo, disfruto, elijo. Haz la prueba, observa que pasa y diviértete; la única regla es no decir mentiras, si no quieres lavar los trastes ¡No lo digas! usa otra frase que tal vez funcione: “decido a lavar los trastes” y nota como te sientes.

Yo por lo pronto VOY a mandar el artículo que ya es viernes. ¡Feliz y liberador día!

Sergio Hernández Ledward
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martes, 22 de noviembre de 2016

¡Me regaló una cascada!



Estoy agradecido por lo que soy y lo que tengo. Es sorprendente lo satisfecho que puedo estar sólo con mi sensación de existencia… Ya que mi riqueza no es posesión, sino gozo.
 – Henry David Thoreau

Tendría unos 6 años cuando mi papá me regaló una cascada. Él iba manejando en la sierra de Puebla rumbo a Teziutlán, seguramente mi mamá y mis hermanos también iban en el carro, cuando orilló el carro, lo estacionó en el acotamiento y todos nos bajamos a ver una pequeña (para mi enorme) cascada que se había formado con las lluvias en la orilla de la carretera. Mis ojos redonditos como plato, creo que nunca había visto una cascada y fue entonces que mi padre tuvo uno de sus momentos de inspiración; “¿Te gusta Sergio?” – me preguntó, yo no apartaba la vista del agua que caía y le respondí “está muy bonita”, “Entonces te la regalo, es tuya” – dijo él. Ya te puedes imaginar mi gigantesca sonrisa.

¡Mi papá me regaló una cascada! No me la pude llevar, la dejé ahí para que muchos otros la pudieran ver. No tenía un peso y estaba feliz. Vivía en completa abundancia.
Pasaron los años y ahora que acaba de pasar el “Buen Fin 2016” es buena idea recordar que la riqueza verdadera no es posesión, la abundancia no tiene que ver con cuantas cosas tienes (aunque estén lindísimas) y mucho menos con cuanto debes a meses sin intereses. La riqueza es gozo y es disfrute, es sonrisa infantil, la abundancia es gratitud. Y ese es nuestro derecho como seres humanos.

Lo contrario de abundancia es escasez. La sensación de no tener y permanentemente necesitar. Desafortunadamente nuestra sociedad es una fábrica de necesitados; los que verdaderamente necesitan un techo y algo que comer para sobrevivir y los que creen que siempre necesitan más para sentirse bien. Necesito un mejor carro, una nueva computadora, unas vacaciones, un teléfono inteligente, una copa de vino. Necesito que me ayudes. ¡Te necesito! Quejas todo el tiempo y sensación de carencia permanente. Francisco de Asís se dio cuenta de esto y con una gran sonrisa dijo “necesito poco y lo poco que necesito, lo necesito poco”, vivía en abundancia.

De modo que aquellos que viven en abundancia se sienten permanentemente agradecidos y practican sonrientemente sus dos aspectos: apertura y generosidad. Recibir y entregar con alegría. Sólo por te propongo hoy el reto de aumentar tu abundancia practicándolas: todo lo que recibas hoy –una sonrisa, un saludo, dinero, alimentos, incluso el aire que respiras- recíbelo alegremente; todo lo que brindes hoy, entrégalo con alegría, con la abundante sensación de tener para dar.

¡Feliz y abundante día! (Y si te encuentras con mi cascada yo también te la regalo para que la disfrutes un ratito y luego la compartas)

 Ahh y si se te antoja seguirle un poco más con el tema, aquí te dejo un videito:




Sergio Hernández Ledward

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domingo, 6 de noviembre de 2016

Por algo se empieza: vamos a imaginar

Papá, vamos a imaginar – mi hija de 2 años y 5 meses

Eso me dijo hace dos años mi hija mientras jugábamos. Vamos a imaginar. Hoy esa frase regresó con fuerza a mi memoria; estoy preocupado por la violencia, la corrupción y la impunidad en el país, me asusta pensar en delincuentes, en autoridades omisas y en vengadores anónimos.

Vamos a imaginar me dijo y sólo se me ocurrió preguntarle: ¿qué quieres imaginar? y sin dudarlo respondió "fichas". Así que imaginamos fichas, que un segundo después se convirtieron en un castillo con todo y sus habitantes y después en un tren. Un ratito después me dijo "papá, soy mágica" y con un gis verde que en ese momento era varita mágica me convirtió en sapo, después en pez y más tarde en pakua (sigo investigando que es eso).
Me sentí orgullosísimo al saber que tengo una hija mágica y que me invita a imaginar. Dos años después y no he podido sacar esa frase de mi cabeza. Papá, vamos a imaginar. El  problema es que me puso a pensar. ¿Y yo? ¿Qué quiero imaginar? No voy a quedarme atrás, así que: ¡A imaginar se ha dicho!

Voy a imaginar que crezco, que me vuelvo más generoso, más valiente y decidido, que se me quita la soberbia y la ignorancia. Que aprendo a amar. También voy a imaginar que sigo soñando después de los 40, después de los que vengan, que un día me descubro como un viejito bien imaginativo.
Voy a imaginar que mi hija crece sana y feliz, que no se olvida de escuchar su corazón, que hace buenos amigos, que sigue riendo y cantando, que los trancazos que le toquen no sólo la hacen fuerte, sino también humana. Voy a imaginar que se cuida, que se ama y que conforme crece extiende ese cuidado y ese amor. Voy a imaginar que es princesa, guerrera, bailarina, cantante, exploradora del ártico, pirata, sanadora, maestra, astronauta.

Y ya encarrerado, te invito a imaginar conmigo
Vamos a imaginar que ya no vemos asaltos, asesinatos, desapariciones, corrupción, ni fosas en los medios; no porque no se muestran, tampoco porque volteamos hacia otro lado, sino porque logramos construir una sociedad distinta.
Vamos a imaginar que se nos acabó el miedo, la indiferencia, la auto-importancia, la estupidez.
Vamos a imaginar que se puede jugar en las calles, platicar con los cajeros de un banco, sonreirle al vecino, ceder el paso, confiar en el policía y saberme su nombre.
Vamos a imaginar que sembramos muchos árboles y los cuidamos. Que nos sentimos orgullosos de nuestra herencia, de nuestro linaje, de nuestro México.
También que nos gobiernan los mejores, los más honestos, los más brillantes, los más entregados. Que en lugar de regalar televisiones, se regalan balones de fut, canchas de basquet, boletos al concierto y al teatro, que se comparten muchos libros.
Vamos a imaginar que superamos nuestras tragedias, que el dolor de la violencia nos hizo más solidarios y más hermanos, que nos dimos cuenta que somos más fuertes de lo que nos querían hacer pensar.
Vamos a imaginar que florecen las artes y las ciencias, las charlas y los abrazos, el deporte y la cultura.
Vamos a imaginar que no quedamos en deuda con nuestros hijos, que les heredamos un ejemplo valiente y amoroso, que les dejamos una patria más sonriente: una tierra donde puedan pararse firme y un cielo que les permita soñar.

Vamos a imaginar que nosotros también nos dimos cuenta que somos mágicos.

Si, vamos a imaginar. Por algo se empieza



Sergio Hernández Ledward

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lunes, 24 de octubre de 2016

Entre la perfección y los dientes chuecos


Si no estás preparado para equivocarte, nunca producirás nada original
– Sir Ken Robinson

La semana pasada fui al dentista y para serles sincero lo disfruté, el odontólogo fue cordial, educado y muy profesional. Al término de la consulta me preguntó: ¿no ha pensado ponerse frenos y enderezar un poco sus dientes? ¡Va a ser otro!
Yo no pude evitar reírme y decirle que me gusta mi sonrisa. Pero me dejó pensando. No en dentaduras, ni en sonrisas sino en el concepto de “perfección”.

Para triunfar en el mundo sólo necesitas una cosa: perfección. Tener la sonrisa, la palabra, el trabajo o el cuerpo perfecto; esforzarte por ser la mamá, el empresario, el estudiante, el deportista, el hombre, el niño o el viejito perfecto. Nunca te equivoques, no te vayas a ensuciar ni a despeinar, ¡ay de ti si te tropiezas, o si tienes un diente un poco chueco! No te enojes, no llores, ni se te ocurra regarla. ¡Párate derecho, mete la panza, no te atrevas! Ufff, ya me cansé sólo de escribir estos renglones.
Todos los días recibimos cientos de estos mensajes una y otra vez, sin embargo el problema no es ese. El problema es que frecuentemente creemos esos mensajes, pensamos que debemos convertirnos en Míster Perfecto o en Señorita Nunca-Fallo. Pero ¿cuál es el problema? ¿qué hay de malo en buscar que todo nos salga bien?

Que algo sea perfecto quiere decir que no tiene ningún fallo, que ha llegado a un estado óptimo y que no se puede mejorar. Pues eso no pasa en este universo: aquí la vida evoluciona, las culturas se desarrollan y el propio universo se expande. Así que aunque la búsqueda de perfección nos puede ayudar a crecer e incluso a ser más cuidadosos, si nos obsesionamos con esa idea entonces se vuelve un camino derechito al agotamiento, la frustración, la intolerancia, niveles pobres de aprendizaje y muerte a la creatividad.

Es en serio, no hay nada más cansado que buscar ser el mejor en todo, todo el tiempo. Y el problema es que a la larga se vuelve una tarea imposible; te prometo que por más que te esfuerces un día de estos la vas a regar, vas a extraviar las llaves (espero que sólo por un ratito), no vas a poner el acento donde va o te vas a salir de tus casillas. Es fácil malgastar una gran cantidad de energía –y quedar cansadísimo- al buscar ser perfecto.
Si el perfeccionismo autoaplicado cansa, ahora imagínate que pasa cuando quieres tener la pareja, el hijo, el trabajo, las vacaciones o el empleado perfecto. Se llama frustración; las cosas y las personas se empeñan en ser diferentes a lo que esperamos. Son lo que son, no lo que nosotros queremos que sean. Quien tiene expectativas de perfección en los demás se asegura la decepción, se dificulta las relaciones incluso con aquellos que más quiere, sufre.
Si cansancio y frustración todavía te parecen poca cosa, aún nos queda otro efecto negativo del perfeccionismo: problemas para aprender e innovar. Los mayores genios del aprendizaje y la creatividad son los chamacos que aún no conocen el concepto de “error”, todavía no los hipnotizamos para que crean –como nosotros- en ese terrible monstruo, entonces aprenden a caminar cayéndose, a usar el lenguaje usando mal los verbos, a vivir equivocándose. Desafortunadamente esa etapa no dura mucho, pronto empezamos a juzgarnos con rudeza, a criticarnos por no haberlo hecho lo suficientemente bien y a desaprovechar las oportunidades de aprendizaje que nos brinda la vida.

Pero no me malinterpretes, todo este rollo no es para invitarte a que seas malhecho, a que no pongas atención o a que dejes de poner el corazón en lo que haces. ¡Al contrario! Entrégate a lo que haces momento a momento y relájate, no les exijas perfección a los que quieres (incluido tú mismo). Libera tu energía, tu disfrute y tu genialidad aceptando tu perfecta imperfección. No eres perfecto, ni lo vas a ser. Tu trabajo, tu suegra, tus hijos tampoco. Sin embargo esta no es ninguna justificación para ser “chafa” o para entregarte a medias; no eres perfecto pero tampoco tienes porque ser “patito”.
Observa a un niño jugando, a un artista en acción o a un atleta completamente enfocado en su disciplina. No existe nada más allá de ese momento. Se terminan las expectativas y los juicios. Parece que el mundo se detiene. ¿Podríamos llamar a eso perfección? No, ya que llegará alguien en algún momento y lo superará, pero no importa porque hay algo más valioso ahí que la perfección. Hay belleza. Hay vida. Hay disfrute.
Daniel Goleman lo plantea de una manera muy hermosa en su libro “el espíritu creativo” cuando nos hace la invitación: “entre placer y perfección, elige siempre placer”.

¡Que tengas un día bellísimo, lleno de vida y de disfrute! Yo por lo pronto decidí no hacerle caso a mi dentista, por ahora prefiero no ser otro y quedarme con mi imperfecta sonrisa.  

Sergio Hernández Ledward